Con el último sprint en la U, el follón de entregar el piso, despedidas…deje los preparativos del último viaje hacia el Norte para el final…Mi pasaporte caducaba pronto y para no arriesgarme a quedarme colgado en las fronteras Bolivianas o Peruanas decidí esperar en Santiago a que me mandasen otro desde España. Resultado me pase más de una semana extra en Santiago yendo todas las mañana al consulado a ver si llegaba.

Fueron unos días un tanto especiales: ya no tenía casa (al menos propia, pero Cristian perfecto anfitrión hizo que me sintiese en la suya casi casi igual) , ya me habia despedido de todo el mundo y me daba lata reaparecer sin saber si era cuestión de horas, días o semanas cuando podría desatascarme y arrancar.